«Tengo 44 años y me he dado cuenta de que los hábitos que mantienen mi vida en orden son los aburridos que tenían mis padres de la generación del baby boom, y los que se están desmoronando son los modernos que yo estaba seguro de que eran mejores»
Un testimonio reflexiona sobre cómo algunas costumbres terminaron siendo las más útiles para afrontar la vida adulta y reducir el estrés cotidiano.
La organización del tiempo, el descanso y las relaciones personales aparecen como pilares que recuperan protagonismo frente a hábitos asociados con la hiperconectividad y la productividad constante.