«Tengo 41 años y me di cuenta de que la razón por la que estoy agotada no es el trabajo, sino que soy la única en casa que sabe cuándo le toca vacunar al perro, cuándo se va a acabar la leche y qué niño tiene cita con el dentista: nadie me asignó esa tarea, simplemente dejé de esperar a que alguien más se diera cuenta de que había que hacerlo»