La psicología dice que los niños que crecieron monitoreando el estado de ánimo de sus padres para sentirse seguros se convierten en un instrumento: su capacidad de percepción se centra en el exterior
Para cuando ese niño tiene 30 o 40 años, el instrumento está tan afinado que puede captar la angustia de un amigo pero lo que no puede captar es el cuerpo en el que vive.